Poderoso caballero es don dinero…

Reza una poética broma de Quevedo que ha llegado a nuestros días, con arcaica fuerza, por cierto.

Vivimos tiempos en los que esos papelitos verdes, de especial impresión, son dueños de mucha gente. Ya la humanidad debiera haber rebasado la era del dinero pero para eso tendría que haber dejado atrás lo mal repartido que siempre ha estado; las abismales diferencias económicas entre zonas geográficas, países, capas sociales e individuos, en lugar de atenuarse, se subrayan. La corrupción se ha hecho tan escandalosa y cotidiana que ya ni llama la atención en países donde las cúpulas gubernativas se echan en los bolcillos el dinero de la nación como si fuese un derecho. Carlo Dossi, escritor italiano dice que: a muchos solo les hace falta el dinero para ser honestos. Realmente en buena parte del mundo ser honrado es poco menos que un delito. Claro que en esto somos tu y yo buenos delincuentes, pues no creemos en la riqueza mal habida. 

Decía Confucio: algún dinero evita preocupaciones, mucho, las trae.

No podemos, ciertamente, abstraernos de la necesidad monetaria, por un problema de elemental subsistencia, pero si bien vale tener lo necesario, no debemos envidiar al que tenga mucho; ese vive rodeado de murallas para proteger su obsesionante temor de perder lo que posee. 

Mientras mas logra el hombre mas parco se hace en dones: nunca mas rico se es que pobre de riquezas… Pedroso, desde estos versos, llega a ver la riqueza como una limitante. Sin que esto quiera decir que la pobreza tenga gracia alguna, pero piensa en lo fatua que regularmente es la vida de los grandes señorones  de cualquier época.

Tan penoso como tener que luchar a brazo partido por la subsistencia s no tener que luchar por nada, que todo te caiga del cielo, existiendo únicamente para la apariencia, en medio de una ausencia de sueños que solo escapa del vacío con gustos exóticos, rodeado de seres que se te asercan por interés, por tu poder; la falsedad y la falta de incentivo para la creatividad, son asfixiantes. Esa vida es como estar condenado a cadena perpetua en un parque de diversiones. 

Los ricos tienen mayordomos en vez de amigos, nosotros tenemos amigos en vez de mayordomos. Apiadémonos de los que tienen mas fortuna que nosotros. Esta lástima por los ricos no implica una renuncia a cambiar el mundo; creo que es una razón mas: no solo debemos salvar de las miserias a las mayorías, sino que también de la inútil riqueza a las minorías. La miseria no es una desgracia personal: es un delito publico. 

Si a esto le sumamos la feria de ilusiones que siembra en los desposeídos toda la maquinaria propagandística de los mercaderes, encontraremos la lógica a todo lo ilógico que nos circunda: violencia, drogas, guerras, fanatismos, etc

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