Y su corazón se volvió de piedra, pero seguía latiendo. (parte 2)

Todos tenemos el corazón algo fragmentado. Andamos cargando con las piezas del imposible puzle de nuestro corazón con la intención de armarlo de nuevo algún día, ansiosos por entregar amor nuevamente. Sin embargo, las decepciones ya queman demasiado. En esta segunda entrega del corazón de piedra hablaremos justo de eso de las decepciones, y nuestra intención de entregar amor nuevamente.

Entregar amor, no me cansa… me cansan las decepciones.

He escuchado muy a menudo que cando estamos dispuestos a hacer todo por los demás, también debemos estar preparado para que en algún momento nos decepcionen. Es como si de alguna manera, el dolor estuviera implícito cuando hablamos de afecto, de cariño, de amor. Pero claro chicos, esto no es del todo cierto.

Corren tiempos en los que desconocemos personas que creemos conocer. Tal vez por que esperábamos demasiado de quienes nunca nos dieron nada. Quizás, cometimos el error de entregar amor a quien solo deseaba un contrato de servicios. Sea como sea, tantas decepciones cansan, ya cansan…

Nuestro cerebro emocional y social necesita la seguridad de un vínculo seguro. La seguridad nos garantiza al fin y al cabo nuestra supervivencia, y es explica que sintamos tanto dolor cuando nos decepcionan. Algo en nuestro interior se rompe, se quiebra, y nuestra seguridad queda al descubierto, desaparece y nos deja un gran vacío.

Es muy común en ocasiones construir expectativas demasiado altas con respecto a algo o alguien. Puede ser, pero lo que pasa es que en el fondo todos, necesitamos ciertas garantías de que no nos van a fallar, de que no seremos heridos. De que, a quien escojamos para brindar nuestro corazón, no tiene porque decepcionarnos, ni romper este vínculo, así como así. por mucho que nos hayan dicho, ninguno de nosotros está preparado para asumir las decepciones como algo “normativo” en nuestras relaciones cotidianas.

A pesar de las tristezas y el dolor; Ofrecer amor.

Acostumbramos a que nos digan que las decepciones no son a causa de comportamientos inadecuados, sino las falsas y extremas expectativas que nos creamos nosotros mismos sobre las cosas, o las personas. Pero, ahora bien, esta frase tan de manual, parece perder sentido en muchos de los casos, cuando las personas realmente tienen un comportamiento cruel, inesperado y doloroso.

Cuando uno se encuentra en una amistad con alguien, no se espera que esta persona lo critique a sus espaldas, no entra en nuestras expectativas que nos traicionen. Cuando alguien alcanza una edad anciana, no cuenta con que sus hijos lo abandonen cunado los necesite. Cuando uno ama y cree ser amado, nunca espera ser maltratado o humillado por su pareja.

Hay decepciones auténticas, profundas y descarnadas. Ofrecer amor después de estas experiencias vitales es poco más que una misión imposible, porque necesitamos tiempo. Necesitamos que cosan y remienden las heridas las agujas del tiempo. “piezas rotas” que nuestro cerebro, lo crean o no, interpreta como tal. Como heridas auténticas.

Un dolor real.

Hay estudios que demuestran que tanto los rechazos, las traiciones y las decepciones, son interpretadas por nuestro cerebro como un golpe, una quemadura, o un impacto físico traumático.

La “ínsula” es la región cerebral que se activa en estos casos, vinculada directa al dolor. Esto nos ayuda a demostrar que, para el cerebro, una decepción es la ruptura del hilo que nos ofrecía seguridad, confianza en algo o alguien que ahora, se ha desvanecido. Volver a ofrecer amor tras estas vivencias nunca es fácil, sin embargo, podría ser una buena medicina para sanar las heridas.

No te canses de ofrecer amor y de quererte a ti mismo/a.

Hay decepciones que no trasgreden de igual manera, son toleradas por todos como el pinchazo de una rosa, o tomar café cada día en una taza rota, reparada con pegamento y mucho amor, porque es la favorita nuestra. Sanamos, perdonamos y avanzamos. Pero bien, algo en lo que si no deberíamos caer es en dejar que nuestro corazón se convierta en una piedra. Porque si lo hacemos, esta piedra caerá en el negro pozo del desánimo, de la vulnerabilidad y el fracaso.

El amor autentico nunca duele. La amistad sincera no traiciona. Quien te quiere puede que una vez te decepcione, pero nunca más. Por ello que te parece si reflexionamos un rato sobre unas sencillas estrategias de afrontamiento, que nos pueden ayudar a la hora de superar estos instantes tan complejos.

A demás de sufrimiento, una decepción provoca que nos sintamos vulnerables. Cuando una persona se siente débil, o vulnerable, más que dar amor lo que necesita es recibirlo, recibirlo especialmente de sí mismo, para poder así reconstruirse, para sentirse valida de nuevo con toda su integridad, fortalezas y autoestima. Algo que nos da el tiempo, y un adecuado trabajo interior.

A demás del tiempo, deberás gestionar tres sentimientos básicos: la rabia, el pesimismo y la impotencia. Una decepción nos hace pensar que ya nada va a ser igual, arranca nuestras raíces por completo. Disipa estos tres jinetes de la felicidad en cuanto te sea posible.

Asume por un lado que no merecías lo que te paso, pero acepta también que no mereces sufrir eternamente. No elijas el rencor como alimento cotidiano, no te prescribas el sufrimiento como medicina eterna, los efectos secundarios son devastadores.

Recuerda mejor algo indispensable: elegirte a ti. A ti por encima de todas las cosas, por encima de miedos, de inseguridades y de resentimientos. Elije volver a ilusionarte y, sobre todo, seguir cultivando algo que si vale la pena: ofrecer amor. Piensa siempre que, a pesar de las decepciones, existe gente buena.

No temas a enamorarte.

Enamórate de lugares hermosos, de personas hermosas y momentos únicos. El aroma de una fogata de juventud en otoño, merece la pena que te enamores de ella. La risa de tus hijos, o tus sobrinos merecen tu amor. Incluso la forma en que tu corazón se acelera cuando bajas las ventanas y subes el volumen de la música. Cierra tus ojos, respira y atesora cada momento, lenta y conscientemente. Cae en cuenta de que: nunca volverás a vivir ese momento que estás viviendo en ese preciso instante.

Enamorarse no es tan sencillo como algo que simplemente quiere beneficiarte. El amor viene a cambiarte, a combatir la amargura y los prejuicios, y cambiarlos por comprensión, compasión y alegría. El amor viene con la intención de acabar con las murallas de la infelicidad, la inseguridad y el miedo, para convertirnos en criaturas cuyas naturalezas sea el luchar por el otro en lugar de en contra del otro. El amor, trae amor.

No pongan freno al amor. Juntos pueden ser una fuerza del bien, peo solo es posible esto si dejan de poner trabas. El mundo necesita con desespero más personas que sean generosas con su amor. Así que espárcelo hacia todo y todos.

No temas a entregar tu amor:

No creas que dar amor, significa que te quedes con menos. No creas esas viejas mentiras de que, si eres demasiado generoso/a con tu cariño, este se va a acabar. Eso no es así. no tienes que medirlo ni ahorrarlo. Cada vez que decides dar amor al resto, tu capacidad de amar crece. Nos esforzamos tanto para que no nos lastimen, nos quedamos toda la vida en la misma ciudad por miedo a no amar otra, nos apegamos tanto a la rutina que dejamos a nuestro corazón, sin ningún tipo de poder de decisión. Mantenemos nuestro corazón alejado de las personas que queremos amar y que nos amen.

De alguna mala manera hemos sido convencidos de que nos estamos protegiendo, que la vida es más fácil y menos dolorosa si somos egoístas con nuestros sentimientos. Pero amigos míos, les puedo asegurar que escoger la aventura, la emoción, la vulnerabilidad, el dejarse llevar… siempre vale la pena.

Así que estés donde estés, que tú 100% este ahí.

Deja de lado la tecnología, no te centres solo en la razón, deja a tu corazón involucrarse en las decisiones. Quiere hacerlo. Experimenta una empatía emocional, siente tristeza si ves a alguien sufriendo, ríe aun cuando debas estar en silencio. Elige la alegría, has preguntas difíciles y escucha las respuestas. Conoce a las personas en profundidad, no te cierres a la posibilidad de amar a alguien, aunque aún ese alguien no te ame.

El amor no es para acumularlo; es para entregarlo… Fin.

2 comentarios sobre “Y su corazón se volvió de piedra, pero seguía latiendo. (parte 2)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s